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¿Qué sucede con los derechos del cónyuge cuando no hay testamento?

En ocasiones puede suceder que, al fallecer una persona de nuestro entorno, nos demos cuenta de que no tenía hecho ningún testamento. ¿Qué ocurre en estos casos? Bien, lo primero que debemos tener en cuenta es que, cuando no hay un testamento que dé constancia de la voluntad del fallecido respecto a la suerte que desea que tengan sus bienes -sucesión testada o testamentaria-, su sucesión se regirá por lo establecido en la legislación vigente -sucesión legítima-.

 

En este sentido se debería tener en cuenta lo descrito en el Código Civil. Sin embargo, existen casos especiales como los de los territorios de Galicia, Navarra o Cataluña en los que existe una legislación foral propia que se encarga de regular las herencias dentro de sus respectivas jurisdicciones.

En este artículo, no obstante, nos vamos a regir por lo establecido en el Derecho Común. Es decir, por lo que establece el Código Civil y no las diferentes legislaciones forales que existen en España.

 

Antes de continuar, además, queremos aclarar que para que una sucesión sea intestada pueden darse una serie de situaciones. En primer lugar, y la más evidente de todas, es que el fallecido no redactara ningún testamento. Pero también puede suceder que el testamento que redactara sea nulo o incluso que especifique el destino de la totalidad de sus bienes, sino solamente de una parte de los mismos.

 

¿Cuáles son los derechos de los cónyuges?

 

herencia testamento derechoCuando hablamos de testamentos, normalmente tendemos a pensar en bienes materiales y económicos. Pero no siempre es así. En un testamento se pueden reconocer a hijos ilegítimos e incluso nombrar tutores legales para los hijos. En caso no de molestarnos en establecer cuál es nuestra voluntad en estos aspectos mientras estamos en vida, la legislación se encargará de imponer su palabra una vez que hayamos fallecido. Así, la legislación tiene determinado un orden de sucesión -prelación- entre los diferentes familiares teniendo en cuenta lo que, en teoría, habría querido la persona fallecida.

 

De esta manera, el cónyuge que queda viudo tras la muerte de su pareja siempre tiene derecho a los siguientes bienes con total independencia de cualquier otra circunstancia que pueda darse:

  • Ajuar doméstico de la vivienda conyugal: Según el artículo 1.321 del Código Civil: “Fallecido uno de los cónyuges, las ropas, el mobiliario y enseres que constituyan el ajuar de la vivienda habitual común de los esposos se entregarán al que sobreviva, sin computárselo en su haber. No se entenderán comprendidos en el ajuar las alhajas, objetos artísticos, históricos y otros de extraordinario valor.”
  • Usufructo: En el caso de que hubiera descendientes, el usufructo sería de un tercio de la herencia. Si hubiera ascendientes, el usufructo sería de la mitad de la herencia. Y si no hubiera ni ascendientes ni descendientes, pero sí herederos, el cónyuge tendría derecho al usufructo de los dos tercios de la herencia.

 

Esto es, que habiendo o no un testamento, el cónyuge siempre tendrá derecho al ajuar doméstico y, dependiendo de la existencia de otros herederos, de una parte de la herencia.

 

Del mismo modo, antes de comenzar al reparto de la herencia, se deberá disolver y liquidar el régimen económico ganancial, siempre que este haya sido el régimen que regula el matrimonio de la pareja. Este régimen determina que los bienes obtenidos durante la vigencia del matrimonio son de ambos progenitores, teniendo cada uno el mismo derecho a la mitad de los mismos. Así pues, la persona viuda verá aumentar su patrimonio privado en lugar de hacerlo la herencia.

Por ejemplo, la disolución del régimen económico matrimonial en caso de fallecimiento de uno de los cónyuges siempre concederá al que permanezca vivo el privilegio de utilizar el local en el que hubiera ejercido su profesión y/o en la vivienda donde tuviera su domicilio habitual. Por supuesto, en este último caso también podrá solicitar quedarse la vivienda en propiedad antes que cualquier otro posible comprador o heredero.

 

Curarse en salud: ¿Cómo hacer un testamento?

 

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No vale la pena arriesgarnos a que la legislación no se adapte a nuestra voluntad. Elaborar y formalizar un testamento no es difícil si contamos con la ayuda de un buen abogado civil especialista en herencias que se encargue de asesorarnos y redactar por nosotros el testamento plasmando nuestros deseos al pie de la letra.

 

En este sentido, el testamento notarial abierto es el tipo más recomendado. Este documento es redactado ante notario por el propio testador y cuenta, además, con un importante número de ventajas. En primer lugar, la conservación del documento estará totalmente garantizada, ya que quedará custodiado por el propio notario, que se ocupará así mismo de remitir el parte oportuno al Registro de Últimas Voluntades informando de su existencia. En segundo lugar, su precio ronda los 40-50€ en función del número de hojas utilizado para su redacción, por lo que no estamos hablando de unas cifras excesivamente elevadas. Y, en tercer lugar, el notario se encargará de que la redacción del testamento cumpla con la legislación vigente en el momento de su formalización, garantizando de esta manera que su aplicación no sea nula en el momento del fallecimiento.

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